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Wednesday, January 11, 2012

El barco de paper d'en Bernard Moitissier.

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Mestre d'aixa de pega, al seu taller amb quaranta-nou fulls de diari i molta cinta adhesiva.




"En cuanto al aspecto moral, necesito un cambio de aires, salir de las Antillas cueste lo que cueste, volver a empezar en otro país, preferentemente en Francia, donde hay mucho dinero y donde podré olvidar la imagen del Marie-Thérèse.
(...)
Apaciblemente sentados en la umbría terraza del patio interior del hotel París, acompañados por las largas conversaciones que sostienen los mirlos y los gorriones, le explico todo esto a mi amigo. Después le he hablado de la solución, la única solución realmente segura que me permitía trasladarme a Francia.
A Adolfo, primero se le ha mudado el color. Después, poco a poco, ha ido fijando su atención. Y, por último, sus ojos se iluminan de alegría, ya que por primera vez desde mi vuelta de Trinidad se da cuenta de que estoy salvado.
Mi idea consiste en construir un barco con papel de periódico extendido sobre un armazón de madera, ligero pero muy fuerte. Esta solución no es tan aventurada como a primera vista parece, pues en Indochina algunos juncos están construídos con láminas de bambú trenzado como una cesta, a las que se les da un baño formado por una mezcla de excrementos de vaca, aceite de madera y resina. Este casco, totalmente estanco pero un poco... flexible, recibe entonces un armazón de madera bastante rudimentario a primera vista (al igual que tras un examen a fondo...).
(...)
Una capa de brea, una capa de papel; otra capa de de brea, otra capa de papel. (Pero antes me ayudarás a darle la vuelta al armazón, quilla al sol.) Tras de veinticinco a treinta capas de papel de periódico tendré un forro bastante fuerte, y acabaré con una última capa de saco de yute, cosida y embadurnada de brea, exactamente igual a como se recubre un kayak. 
- ¡Formidable..., realmente formidable! Un barco de papel que va a atravesar el Atlántico. Sólo tú puedes tener ideas como ésta...
- Desengáñate, es lo más lógico." 

"Cabo de Hornos a la vela". Bernard Moitessier. Editorial Juventud.


El fals Moitessier esguarda l'horitzó.
Fals Moitessier amb l'esguard posat en un horitzó força enfilat.

Després de llegir aquestes línies me'n vaig recordar del fals Moitessier que voltava pel terrat de casa, guaitant la mar de colomars i parabòliques que s'estén fins més enllà de l'horitzó. Aquest Moitessier de pega va gosar de tirar endavant el somni esvaït del Moitessier-Moitessier: construir un barco de paper amb el que creuar l'Atlàntic. Perquè diguem-ho tot, el de veritat al final va arribar a França a bord d'un petrolier en el que va poder enrolar-se abans de fer de mestre d'aixa de paper machè.

Fals Moitessier davant el naufragi.
Naufragi a l'Atlàntic Nord.

Curiosament, la història imaginada va acabar de manera similar a com hagués acabat la de veritat: amb un naufragi, un més entre tants que va patir el meu admirat navegant.

Fals Moitessier davant el naufragi.
Una ombra d'esgarrifor plana sobre la mar...

Després de cada naufragi es torna a encendre la màquina de somnis dins del cap d'en Bernard Moitessier. Va ser amb ell i amb en Joshua Slocum i amb en Vito Dumas amb qui pàgina a pàgina em vaig enamorar encara més de la mar.


Fals Moitessier. Nous reptes.
A las penas, puñaladas...

Tuesday, March 9, 2010

Nevada en Barcelona: falta de instinto killer, o de cómo le pudo el chocolate a la taza al reportero dicharachero.


Primeros copos desde mi balcón...

Pese a ser martes, Wittgenstein deberá esperar. El vienés seguro que se hartó de nieve hasta el aburrimiento, pero por estas latitudes la cosa es rara de verdad. Me las apañé con el portátil sin tener que salir de casa, así que a primera hora de la tarde, con buena luz y la nevada que se desvelaba como histórica, opté por continuar calentito e incluso homenajearme un chocolate a la taza. Para que los remordimientos no me estropearan una tarde tan agradable, incluso saqué un par de fotografías, un mínimo que me permita asegurar: yo estuve allí...



Santa María del Mar, con la nieve cuajada en mi azotea...





Monday, February 22, 2010

La vella nit es posa... un altre cop, vint-i-cinc anys després que en Salvador Espriu se n'anés...




LA VELLA NIT ES POSA
de nou l'abric.

Se'l corda amb una llarga
cançó de grills.
Salvador Espriu



Veinticinco años sin Espriu.
"LA VIEJA NOCHE SE CUBRE de nuevo y se abrocha el abrigo con una larga canción de grillos"

Tuesday, June 9, 2009

los muros demasiado sufridos de mi azotea

Una mancha de luz, fugaz, sobre los muros demasiado sufridos de mi azotea...

Luz escrita sobre un papel lleno de las ausencias de los que lo dibujaron... Ciento cincuenta años son muchos recuerdos perdidos...






Y ahora caigo en la cuenta que son justo esos, los ciento cincuenta, los que nos van separando de la construcción de este edificio de La Ribera de Barcelona...

1859...

Todavía faltaba un año para que l'Eixample de Barcelona viese la luz verde en los despachos de Madrid... En el parque de la Ciutadella no había parque, sólo una asquerosa Ciutadella (ciudadela) desde la que joder a bombazos cualquier celebración del Barça ganando cualquier chorrada (todavía no se habían inventado las escopetas con pelotas de goma, ni el Barça, claro).

Pero los años empujan, ya fueran primeras repúblicas, bombazos en el Liceu, guerras de Cuba y grandes Guerras que otros guerreron...

Sesenta años después de aquel 1859, desde Santa Coloma de Queralt, llegaría a uno de los pisos de bajo esta azotea, al tercero, mi abuelo. Un señor pequeño, calvo y antiguo al que la guerra del Rif ya le pilló licenciado. Se casó y enviudó casi deportivamente por lo repetitiva que le resultó tal afición, hasta dar con mi abuela (una simple aficionada: sólo perdió a un marido acabado de estrenar, allá por la batalla del Ebro). Un palmo y medio les separaban, y es que ella era mucha mujer, pero gracias a otro palmo de distancia (más menos que más, es de suponer) surgió al cabo de los meses reglamentarios la que, con el tiempo y mi padre mediante, se animaría a ser mi madre.

Después de esto, nos comemos con patatas toda una posguerra (me temo pues que las zamparemos sin sal ni ketchup, cachis!), los sesentas corriendo tras las primeras suecas, los setenta ya conmigo (por fin!) gateando, y luego el Naranjito, el Cobi, lo de las fallas en NY, internet a tutiplén y ya llego a esta tarde de martes desfondado total. Qué pereza los ciento cincuenta años de los cojones!